26 de agosto de 2013

"Wingfly": el último deporte de riesgo


Está claro que cada vez nos preocupamos más por mantenernos en forma. Somos conscientes de que el ejercicio físico es un punto esencial a la hora de blindarnos frente a las complicaciones de salud, así que no dudamos en apuntarnos a cualquier actividad que nos permita alejar la sombra del sedentarismo. Si hasta hace unos años eran deportes de equipo como el fútbol, el baloncesto o el voleibol los que triunfaban, parece que llegan vientos de renovación. La práctica física tradicional se está viendo desbancada por otras fórmulas que nos atraen no solo por el rendimiento que de ellas puede obtenerse, sino por su carácter exótico. Al plantearlos la posibilidad de realizar una actividad deportiva en nuestro tiempo libre ya no solo pensamos en términos de rentabilidad  -definición de la musculatura, aumento de la resistencia, mayor capacidad pulmonar, etc.-, sino que intentamos ir un poco más allá. Buscamos, en definitiva un reto que nos motive. Cansados de la rutina, necesitamos un aliciente extra que nos empuje a trabajar para mantenernos en forma. Y ese reclamo es lo que sin duda nos ofrece el deporte de riesgo. Ejercitarse al límite es el desafío ahora. El wingfly, la última moda. ¿Sabes en qué consiste?

El mito del hombre-pájaro
Dicen los antropólogos e historiadores que el ser humano ha acariciado la idea de volar desde la noche de los tiempos. Una buena muestra son, por ejemplo, los bocetos de Leonardo da Vinci y sus múltiples prototipos. Cinco siglos más tarde, no solo hemos sido capaces de materializar sus ambiciones, sino que hemos podido trascender incluso los límites de la atmósfera terrestre. Pero los aviones, helicópteros, avionetas y demás no han acabado de saciar del todo nuestra curiosidad. Soñábamos con ser pájaros y lo hemos conseguido. Ahí está la clave del wingfly. Este deporte de riesgo está inspirado en el paracaidismo. Consiste fundamentalmente en ascender a una determinada altura con la ayuda de un avión para lanzarse al vacío y disfrutar de la sensación de la caída libre. La diferencia estriba en los accesorios que se usan en el wingfly. Para practicarlo hay que enfundarse en un traje especial que recuerda a las alas de los murciélagos, desplegando una especie de membrana bajo los brazos y entre  las piernas que ha de hincharse al iniciar la caída. Las velocidades en la caída pueden llegar a alcanzar los 200 km/hora.

Del wingfly a otros deportes extremos
A pesar de que la práctica del wingfly se ha perfeccionado mucho en los últimos años, de la mano de planeadores ya míticos como Jari Kuosma y Robert Pecnik, no está exenta de peligros. El traje aéreo (en su traducción al español) conlleva, al igual que los paracaídas ordinarios, un porcentaje variable de error en su funcionamiento. En ocasiones las alas no llegan a desplegarse, con resultados fatales para los deportistas. A pesar de dicho riesgo, son cada vez más sus adeptos. La combinación de adrenalina, libertad y desafío a las leyes de la gravedad seduce a miles de personas en todo el mundo. Ya existen programas especializados para la instrucción de esta práctica deportiva, dependientes normalmente de las marcas fabricantes de los trajes en cuestión. Para los que prefieran optar por otros planes de ejercicio extremo alternativos, siempre les quedarán los grandes clásicos de esta categoría: el alpinismo, el rafting y el surf. ¿O es que, en comparación con el wingfly empiezan a parecernos aburridos? 

Fuente de la imagen: redbull.com/es/es

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