23 de septiembre de 2013

Vídeos de pornografía y sexualidad masculina


El porno es uno de los recursos más frecuentes a la hora de buscar una vía alternativa de estimulación sexual. Junto con los juguetes y accesorios de tipo fetichista, los vídeos eróticos tienen cada vez más demanda, ya sea como aliciente en las relaciones sexuales en pareja o para practicar la masturbación. Mucho ha cambiado este particular mercado en las últimas décadas, al igual que la percepción que de él tienen los consumidores. Si hace apenas 40 años la pornografía constituía un gran tabú del que la joven España democrática luchaba por librarse, hoy en día su uso está mucho más normalizado. La generalización de Internet en los hogares españoles ha supuesto toda una revolución en el consumo de material porno. Son miles, por no decir millones, las páginas que lo ofrecen. Su variedad es muy amplia, cubriendo el amplio espectro de fantasías y necesidades de sus seguidores. A pesar de que son muchas las mujeres que la emplean a menudo, la pornografía sigue estando íntimamente relacionada con el hombre y su concepto del sexo. No en vano, se le acusa de ser un factor de riesgo a la hora de desarrollar determinadas patologías sexuales. ¿En qué medida el exceso de pornografía puede ser perjudicial?

El porno en altas dosis
Al igual que cualquier otro elemento, el consumo recurrente de pornografía puede desencadenar problemas de distinta consideración en el hombre. Sin caer en las apocalípticas advertencias que hemos escuchado hasta la saciedad para advertirnos de los efectos negativos de la masturbación, sí hay que recordar que el porno descontrolado es capaz de condicionar tanto psicológica como físicamente el desempeño sexual masculino. No en vano, numerosas voces autorizadas subrayan el relativamente importante papel que juega en el desarrollo de patologías como la disfunción eréctil o la eyaculación precoz. La demanda de pornografía ha experimentado un notable crecimiento en los últimos años. Paralelamente, los expertos hablan de un aumento de los comportamientos sexuales destructivos en una gran cantidad de hombres. La frontera entre ficción y realidad tiende a diluirse, pasando a considerar que las relaciones sexuales han de seguir un patrón similar al observado en los vídeos vistos. El papel que en ellos juegan el hombre y la mujer es el fruto de simples estereotipos que, llevados al terreno de lo real, pueden desencadenar una sensación de frustración y descontento en el hombre. Además, la puesta en escena propia de la pornografía promueve clichés ya de por sí enquistados en el imaginario popular. El tamaño de los genitales masculinos, la noción de satisfacción sexual o la práctica del coito se ven a menudo distorsionados. 

Exceso de porno y patologías sexuales masculinas
Los hábitos masturbatorios del hombre son esenciales a la hora de explicar patologías como la eyaculación precoz primaria o la impotencia en jóvenes. El porno, tan vinculado a la estimulación en solitario, juega un papel importante en la formación del individuo en el ámbito sexual. La urgencia por alcanzar el máximo nivel de excitación ante el riesgo de ser  descubierto por alguien en plena práctica suele llevar a los hombres a rutinas de masturbación excesivamente impetuosas. Éstas podrían desencadenar problemas futuros de eyaculación precoz, siendo incapaces de controlar la salida del semen. Además, también pueden darse problemas de erección ante la imposibilidad de alcanzar un nivel de excitación satisfactorio sin la estimulación proporcionada por el porno. Por otra parte, no son pocos los hombres que sufren bajadas de libido asociadas a este mismo factor. El sexo en carne y hueso puede resultar decepcionante frente a los elevados rendimientos presentados en la gran pantalla. 

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